Descripción de la Villa del Salto en 1834 por un naturalista francés.

saltochicoEl 20 de octubre (de 1834) volvimos a embarcarnos en otra balandra, de unas cincuenta toneladas. Partimos 8:30 de la mañana, con viento sur y buen tiempo […] destino: Salto.

Al fin del día, el viento falto. Amarramos […] en la costa de Entre Ríos, a dos leguas más o menos de Sandú, en un sitio muy arenoso.

El 21, el tiempo estaba bueno, más la calma continuaba. Descendimos a tierra para cazar. Después de atravesar bancos de arena, llegamos a grandes lagunas o lagos, cuyas márgenes estaban cubiertas de […] palmípedos, tan salvajes que las grandes bandadas huían antes de estar a nuestro alcance. […] Cuando recurríamos a nuestras estratagemas de cazadores para sorprender a los avestruces, las garzas y los patos, el patrón de la balandra dio la señal de partida. Quedamos un poco contrariados, pues ya habíamos avanzado bastante en tierra, con la esperanza de encontrarnos con los patos […] que matamos, a falta de cosa mejor.

El viento era aún del sur […]. Navegamos al principio muy lentamente y tan cerca de los árboles que las ramas entorpecían las maniobras.

El 22, el viento era contrario. El tiempo estaba bueno, extremadamente caliente y un poco amenazador. Descendimos a tierra en número de cinco, con todas nuestras armas, porque temíamos no solamente encontrar algún jaguar, como también alguna banda errante de gauchos, cosa común en aquella época. […]

El 23, ya con buen tiempo, una leve brisa del sur, irregular, empujo el barco el día entero. Pasamos delante del Hervidero, estancia y calera, a ocho leguas de Salto. […]

Una milla más adelante, pasamos delante de la confluencia del Daymán, río de cuarta orden. […]

Al fin del día, como el viento faltaba nuevamente, ayudamos corajudamente a los marineros a empujar el navío de árbol en árbol hasta el Saladero de Corralito.

El 24, al nacer el sol, descendimos a tierra. Después de haber explorado las inmediaciones del saladero, fuimos  visitar a su propietario, Don Leandro […].

Después del almuerzo, en vez de volver a bordo, resolvimos caminar por el campo en dirección a Salto, con la esperanza de encontrar por el camino alguna cosa interesante. Anduvimos por más de cuatro leguas, caminando, inútilmente. Solo vimos pocos pájaros, de especies comunes en Bs. As […]. Vimos también muchas serpientes y a ese enorme lagarto llamado TEYU por los Guaraníes. […]

Algunas casas blancas, en cuyas ventanas reverberaba la luz enrojecida del sol poniente, anunciaban la llegada al Salto: esa vista nos entristeció en vez de alegrarnos. Habíamos pensado, no sé bien por qué, que, a medida que avanzásemos, mas encantadores deberían ser los lugares y los paisajes. […]

Salto es una Villa que no tiene ni la mitad de importancia que Paysandú. Está situada en una altura […] que casi se transforma en una isla en la época de las crecientes del Uruguay. […]

No había, en Salto, más de cinco casas con azotea, cuando llegamos allí. Las otras habitaciones eran ranchos bien construidos y, en su mayoría, blanqueados con cal exteriormente. La propia iglesia era un rancho, como en Sandú. Solo que habían construido al lado de la entrada un simulacro de campanario, en forma de portal, del cual colgaban dos campanas de tamaño medio. Las calles son, como en toda la Banda Oriental, bien alineadas, guarnecidas de calzada, y corresponden a los cuatro puntos cardinales […]. Esa regularidad del plano da a la villa la apariencia de una pequeña ciudad. No había aun faroles en las calles, aunque ya se pensaba en colocarlos.

De cada lado de la villa, al norte y al sur hay un arroyo arbolado, que corren en un valle profundo hasta el Uruguay. Durante las crecientes del río, el lado sur se inunda fácilmente, hay entonces, agua suficiente para que las goletas y balandras puedan aproximarse a las casas. Cuando las aguas están bajas y el Uruguay retorna a su lecho, lo que ocurre dos tercios del año, los navíos que vienen de abajo son obligados a quedar en el Saladero de Corralito, para las operaciones de carga y descarga […].

Salto es eso, la catarata no queda delante de la villa. Está situada a más o menos dos leguas al norte: es lo que se llama Salto Chico. Existe otro mayor, a tres leguas de aquel e igualmente al norte, llamado Salto Grande. Fue el primero, el que le dio nombre a la villa. […]

 

Traducción del portugués y resumen por Pablo Villaverde.

Deja un comentario