Iemanjá: la Fe congrega y hermana

(PAI JORGE DE OGUM NACIÓN JEJE VODUM NAGÓ). Cada dos de febrero las aguas se tornan blancas y celestes con las ofrendas entregadas a la madre de los Orixás, a la madre de todos, a IEMANJÁ.
Pequeñas barcas, flores blancas, velas, sandías, miel, perfume, peines y espejos son parte de los presentes ofrendados por los devotos a la dueña de las aguas saladas.
Fue traída desde África, viajó en el corazón y la FE de los esclavos hasta llegar a estas latitudes.
Al igual que sus hijos azotados hasta lograr su libertad IEMANJÁ luchó e hizo suya esta TIERRA abrazando a todos por igual.
Los ritos afroumbandistas se hacen públicos y muestran un notorio crecimiento cada dos de febrero.
La FÉ congrega y hermana en un solo sentimiento: la creencia y la esperanza en la existencia de IEMANJÁ.
Es a través de la madre de los orixás que la FÉ vive y se hace carne en sus hijos, en los curiosos, en los que celebran la claridad y el amor que la MADRE brinda.
Tener la certeza de lo que el camino depara y la plena convicción de lo que no vemos es valor fundamental para comprender y vivir la FÉ.
Sentir regocijo, abrazar y tender una mano a los demás, son parte de poner en práctica la FÉ y acercarse a IEMANJÁ.
Este dos de febrero imploremos a IEMANJÁ claridad de pensamientos, dejar de lado oportunismos mezquinos y pasajeros que dañan la integridad de los que muchas veces menos tienen.
Recomponer cada uno desde su lugar el tejido social que por momentos parece fragmentarse no es tarea fácil, la FÉ nos humaniza y nos acerca a la necesidad que tienen los que en algún momento sabemos llamar de “HERMANOS”.
Será con la gracia de IEMANJÁ el poder comprender un tanto más a quien a diario vemos y en ocasiones quizá del producto de este mundo fanatizado, no escuchamos.
Hoy al igual que siempre, la GRAN MADRE, nos abraza, ilumina, seca las lágrimas, se lleva el dolor, trae fertilidad, aclara el camino, escucha con oído maternal, sonríe con nuestros logros, une a la familia, une al pueblo uruguayo y se hace sentir en el corazón mismo de su gente.

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