Medicina Inca: cirugías, plantas sagradas y un conocimiento que trascendió al imperio

 

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El Imperio Inca, extendido hasta los actuales territorios de Perú, Ecuador, Bolivia, parte de Argentina, Chile y Colombia, supo irradiar desde su centro, la sagrada ciudad de Cuzco, una poderosa síntesis de conocimiento científico y religioso, que trascendió a su época y es, aún hoy, fruto de los más diversos estudios. La medicina inca no sólo buscó tratar los síntomas de la enfermedad, sino que se dedicó a indagar en sus causas, conjugando para ello los aspectos biológicos, pero también psicológicos, de cada paciente.

La cultura inca practicó la medicina tradicionalmente basada en el uso de plantas medicinales y rituales de magia, o conjuros energéticos, vinculados al aspecto religioso. Así, los encargados de ejercerla fueron distintos herbolarios (hampa-camayoc), curanderos (sancoyoc) o chamanes (macsa, o sayac), que atacaban los síntomas y especialmente las causas de una enfermedad, mediante limpiezas corporales y espirituales, respectivamente. Los rituales solían involucrar a gran parte de la comunidad, que danzaba y cantaba durante horas, y hasta días, para lograr una sanación.

La efectividad de la medicina incaica ha quedado demostrada fundamentalmente por el relato de los primeros colonos españoles, que incluso difundieron las bondades curativas de las hierbas y raíces medicinales del inca en toda Europa, estableciendo las primeras escuelas occidentales para el estudio científico de las plantas.

En la cosmogonía del inca, cualquier enfermedad obedecía a la acción de un espíritu maligno, interviniendo en el cuerpo de un mortal. Así, en ocasión de un mal mayor, llegaron a practicar cirugías, trepanando el cráneo de un enfermo para desalojar a una entidad maligna. El método incluía un anestésico, que podía estar realizado en base a hojas de coca, bebidas alcohólicas o plantas somníferas. Se servían de instrumentos quirúrgicos sencillos, aunque efectivos, como el tumi, para abrir cráneos, y el vilcachina, para extirpar objetos.

Con todo, el Imperio Inca sobresalió por el minucioso control de la salud que realizó sobre el total de su población, que en ocasiones llegó a contabilizar hasta 12 millones de individuos, a través de registros hechos a base de lana anudada, único sistema de escritura que manejaron.

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