Salto: ciudad Universitaria (I).

(Escribe Dr. Juan Romero). El caso de la educación es urgente, es de importancia, de todos los días y de futuro, y cuando se lo contextualiza en una sociedad global en donde la diferencia del desarrollo tiende a ser por el conocimiento más aún, qué decir si el desafío es a nivel de la República. La educación universitaria se encuentra en pleno proceso de transformaciones institucionales, académicas y políticas proceso que no es de hoy pero que se ha intensificado en lo que refiere a su descentralización, es decir, con visión de República. Dado que no es de hoy, tiene su historia y el relato de la misma si pretende ser literal como dice Jacques Le Goff, “el hecho histórico sería un montaje” y su enunciación discursiva es una construcción mediada por diferentes intereses, posiciones, relaciones de poder con el hecho. Se pretende plantear que las diferentes propuestas que se puedan realizar sobre la descentralización universitaria responden a estos diferentes intereses, posicionamientos y relaciones de poder y de rendimiento electoral, ¿quién se puede oponer a que su hijo/a estudie en la universidad? Entonces, no pasa por actitud sino por cómo descentralizar y en ese sentido la UDELAR como ente autónomo descentralizó por medio de diferentes servicios (Facultad de Agronomía, Facultad de Derecho, Facultad de Medicina, Facultad de Ciencias Sociales por citar algunos ejemplos), en diferentes momentos, lugares y actividades. Como señala Andrioli, A. (2004:100): “Si miramos el proceso de descentralización universitaria concretado en la Regional Norte, vemos en la práctica… que la descentralización no ha sido homogénea; no responde a una voluntad unívoca; o normas estrictamente técnicas, sino que en realidad ha sido un conjunto de diferentes estrategias instrumentadas en la marcha” 1 . ¿Qué cambio? En los pasados 5 años la institución elaboro una política descentralizadora (con errores y aciertos como toda actividad humana), dado que el contexto político fue otro, los objetivos, los recursos materiales, las voluntades políticas, es decir, el Poder Ejecutivo priorizo la descentralización universitaria. Todo ello generó la creación de nuevas estructuras y contenidos en la República, los cuales se presentan como desafíos para las nuevas comunidades académicas a ser desarrolladas. Pero, ¿y lo que se había hecho? Bueno, aquí el relato histórico de cómo interpretar lo realizado posibilita darle sentido a tales hechos y a los nuevos, específicamente tomando el caso de Salto: la Universidad del Norte en Salto es una movida de los sectores conservadores, elitistas, contra la UDELAR que pretenden formar sus propios hijos/as y no “contaminarse” con las propuestas “subversivas” de la UDELAR montevideana. Ante ello, las nuevas propuestas de descentralización se transforman en políticas desde el centro procurando refundar lo realizado, en criollo, comenzar de 0. Pero la realidad es prosaica y los procesos históricos no se decretan ni para fundarlos ni para inhibirlos, en el caso de la Regional Norte muchas veces se deja de lado que a los sectores conservadores locales se les resistió con sectores progresistas universitarios, que plantearon y promovieron Universidad de la República, basta recordar el Encuentro de Tacuarembo en 1987 presidido por el Rector Samuel Lichtenstein en donde a instancias del Esc. Eugenio Cafaro (Director de la Sede Regional Norte) se cambiaron los estatutos  de dicha sede de Casa Universitaria a Escuela, lo que posibilitó consolidar estructuras y promover el desarrollo de la vida universitaria. Para finalizar, la historia de la descentralización universitaria ha contenido un modelo predominante (demandado por las sociedades locales), el profesionalista, una política de reproducción de los prestigios inherentes a las ofertas académicas tradicionales de la universidad, modelo que entra en tensión con la actual visión del hacer universidad. Cito al Prof. Jorge Landinelli (2004:66) (ex decano de la Facultad de Ciencias Sociales): “…el objeto de la descentralización no debe ser la Universidad del pasado, sino que obligatoriamente debe ser la Universidad del futuro” 2 ; es decir, la innovación; segundo, descentralización de la “vida universitaria” (enseñanza, investigación y extensión) y tercero, el proceso descentralizador no debería aspirar a un modelo homogéneo. Ahora, ¿la sociedad salteña está preparada para ser ciudad universitaria o aparentar serlo y vivir de la renta que genera?

Hasta la próxima.

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