Reflexiones sobre licenciaturas, boletas adulteradas, ética y moral.

(Escribe Luis Bertiz). A comienzos del año 1972, en vísperas de la disolución de las Cámaras y del golpe cívico-militar, el entonces Presidente Juan María Bordaberry designó como Ministro de Defensa al Gral. Antonio Francese.

Al otro día, el Ejército promueve un nuevo acto de desobediencia al poder político no aceptando el mencionado nombramiento y Francese se apersona a Bordaberry y le comunica que renunciaba al cargo a menos de 24 horas de haber asumido.

Cuenta la historia, para mi gusto escasa y bastante mal escrita de una época triste, con instituciones tambaleantes y donde se vislumbraba que se venía lo peor, que Francese concurre al despacho de Bordaberry y le dice: “Sr. Presidente, usted tiene el apoyo de su esposa y de sus ocho hijos. Yo sólo tengo este librito (mostrando la Constitución de la República); después, no tengo nada…» Y se fue.

Mucho más acá en el tempo, en marzo del año 2011, el ministro de Defensa alemán, Karl Theodor Zu Guttenberg, de apenas 39 años, dimitió a su cargo tras ser acusado de plagiar su tesis doctoral. Había recibido enormes presiones (de la oposición y de la prensa) para que fuera fiel a su compromiso con los electores y a la seriedad y confianza que siempre dijo defender.

Su abandono fue un duro golpe para el gobierno de Angela Merkel, máxime cuando perdía a alguien que los analistas consideraban “el político alemán más valorado, con un apoyo del 70%, joven, mediático, exitoso y dedicado a la familia, y que tenía, todas las cartas para construirse un camino cómodo hacia la cancillería”.

Zu Guttenberg , según informaron medios alemanes, copió sin citar las fuentes el 20% de las 475 páginas de su tesis.

No se inventó un doctorado. No se hizo pasar por ingeniero ni mucho menos por licenciado. Tampoco estuvo sospechado de fraude por cambiar -supuestamente- cifras de boletas a cobrar… No fundió ninguna empresa pública monopólica y tampoco dejó a una Intendencia sumida en la peor crisis económica de su historia y en cesación de pagos…

No. Estudió, hizo toda su formación profesional en forma brillante, pero copió un tramo de su tesis final. Y aunque admitió que era “el momento más doloroso” de su vida, no negó su responsabilidad. Defraudó. Mintió.

Y en un acto de grandeza, como el del Gral. Francese, se fue. Los motivos eran bien distintos, pero ambos reaccionaron de la misma forma.

Más cerca aún en el tiempo, hace apenas dos años y también en Alemania, la Ministra de Educación Annette Schavan, renunció a su cargo acosada por un escándalo de plagio en su título de doctorado.

Fue el segundo golpe para la actual Canciller Angela Merkel quién no sólo perdía a una Ministra, sino también a su amiga personal tan sólo a pocas horas que la Universidad Heinrich-Heine le retirara el título de doctora al considerar que plagió de manera intencionada fragmentos del trabajo titulado “Persona y conciencia”.

Anette Schavan reiteró su inocencia, no aceptó la decisión de la universidad de desconocerle el título, anunció que apelaría la decisión pero renunció a su cargo en el gobierno afirmando que la cartera de educación alemana “no debía verse perjudicada”.

Otra vez. Francese en el año 1972 por razones éticas y de respaldo institucional, abandonó el poder y se fue. El alemán Karl Zu Guttenberg en 2011 también lo hizo por plagiar una parte minoritaria de su tesis y Anette Schavan en 2014 se tuvo que ir acusada de copiar tramos de un escrito.

Los casos de los alemanes se asemejan y nada tienen que ver con la decisión del uruguayo. Pero hay algo en común en los tres casos mencionados: todos se fueron. Renunciaron. Dejaron por el camino los placeres y comodidades de los altos cargos gubernamentales. No se dejaron llevar por la mezquindad, el ego y la soberbia. En el caso de los alemanes, ni siquiera esperaron a que se probaran las acusaciones. Al instante dieron sepultura a trayectorias de valía y mutilaron sus aspiraciones políticas futuras. Todos se fueron. Todos renunciaron. Nadie intentó defenderse. Los sospecharon de copiones y fue suficiente.

Ejemplos de cómo debe actuar un funcionario público. Lecciones de ética y moral, entendida ésta última como el conjunto de normas que guían a cada individuo, orientando sus acciones y sus juicios sobre lo que es correcto o incorrecto, bueno o malo.

Ética y moral: viejos, valiosos e irrenunciables principios que hoy no existen en alguna dirigencia política que subsiste en estos pagos…

6 Responses

  1. Licda. Martinez dice:

    Muy buena nota. Historica, ilustrativa, comparativa… En esto ultimo damos lástima. Nuestros politicos (sin generalizar) son de cuarta o de quinta. Siga así don Bertiz.

  2. Guillermo dice:

    Pertuzatti and company deben renunciar. Ya están mas que pegados. Aceptaron internamente su error y lo negaron. Bien por Andres y su ganas de cambiar la política local.

  3. Adela Soto dice:

    Muy buenas reflexiones. Gracias por reivindicar la ética.
    Un abrazo salteño y a seguir la huella…
    Adela

  4. Carlos Blanc Da Costa Porto dice:

    Como es su estilo, Luis Bértiz emite una respetuosa y respetable opinión fundada históricamente. Desde luego habría otros ejemplos a esgrimir (recuerdo cuando el Vice de Nixon renunció al haber sido procesado por no pagar ciertos impuestos (muchos dijeron que fue el propio Nixon -el mas mañoso de cuantos políticos contemporáneos he visto actuar, -dejando fuera a varios compatriotas-, que le ganan por varios cuerpos), pero los señalados alcanzan para mostrar que en algunas, contadas, excepciones, la ética triunfa también en el plano político. He señalado a Singlet y a Chifflet como ejemplos orientales recientes cuyas actitudes políticas tuvieron la moral y principios por encima de todo lo político. En lo que tiene que ver con nuestra posición respecto al asunto, me limito a seguir la línea tradicional del FA trazada por el más importante de sus creadores: el Gral. Líber Seregni. Ni dudo que desde su impecable sentido ético-político, el Gral, cuya ausencia tanto se extraña y pocas veces se invoca, habría solucionado con decisión y priorizando lo esencial en estos casos, por doloroso que fuera a la interna, el interés superior del Partido y sobre todo del pais.

  5. Oscar Garaventa dice:

    Me gustaría conocer la opinión del Sr. Bertiz
    sobre su correligionario Gallinal ya que su partido o por lo menos integrantes de él dijeron estar seguros que había cometido delito en la falsificación de firmas pero que no los iban a denunciar.

  6. Luis Bertiz dice:

    Sr. Oscar Garaventa:
    Mi artículo apunta -como dice muy bien el Dr. Carlos Blanc- a ser una «respetuosa y respetable opinión fundada históricamente» sobre hechos puntuales, comprobables, y por tanto, verídicos. Ud. me pide que haga algo que nunca hice a lo largo de 40 años de periodista. El «dicen que andan diciendo» para mi nunca tuvo ningún valor.
    Además me plantea que opine sobre algo que no sé, que desconozco, porque ademas nunca tuve «ni un si, ni un no» con el señor Gallinal más allá de que integramos, no tengo por qué negarlo, la misma divisa política.
    Si Ud. tiene mas información sobre el asunto que plantea, escriba una columna al Portal quintoelemento.uy y se la van a publicar. No lo dude y de paso me informa de qué se trata. Le agradezco haber leído mi nota.

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