Viva la vieja escuela del periodismo

En los tiempos que corren parece que ser periodista es una suerte de descarte para quienes otra cosa no saben o no pueden hacer.

Es la liviandad de manejar la seriedad de la información como si lo que ofreciéramos fuera verdura a precio de costo.

Pertenezco a una época dorada del periodismo en Salto. Surgido hace 30 años, me formé en medios escritos en una competencia de altísimo nivel cuando los diarios CAMBIO y EL PUEBLO proponían una “rivalidad de grandes”.

En CAMBIO un plantel de periodistas intachables, exquisitos, con un nivel de información envidiable.

En EL PUEBLO con una propuesta más populista, más aterrizada al barrio, pero con un nivel de proposición también exquisito.

Pude leer en la rivalidad a tipos como el que hoy nos acompaña en este portal, Luis Bertiz, y supe aprender de tipos como el “Viejo” Ariscorreta, el querido “Ruso” Giovanoni (mi mentor en medios escritos), seguir de cerca los pasos de “PERIODISTAS” de la talla de Milton Ciol y todo su equipo, Eleazar Silva con esa pluma capaz de hablar de fútbol desde el romanticismo, y tantos otros.

Hoy me preocupa que ese nivel se haya mediocrizado y mal. Mencionar fuentes como si fueran pruebas, manejar datos como si se dijeran verdades, suponer arreglos como si se negociara la información, me lleva a pensar que es necesario replantearse la defensa del viejo periodismo.

Que viva eso y no esta mediocridad absoluta en la que nos preocupa más lo que hace el otro que lo que uno es capaz de hacer verdaderamente.

No existe potencialidad manifiesta de la excelencia en medios, pero si existimos los que pensamos en laburar las 24 horas del día, con aquellos que venden verduras una vez cada tanto. Hay una pequeña gran diferencia, que por fortuna, nuestros lectores han aprendido a diferenciar en tan poco tiempo.

Daniel Caiazzo

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