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Iglesia pide perdón por abusos y habilitó línea telefónica para recibir denuncias

La Iglesia uruguaya salió dio señales respecto a un tema que nuevamente volvió a la luz tras informes periodísticos, los abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos. Pretendiendo actuar con transparencia y evitar encubrimientos, la Iglesia pidió perdón por los abusos realizados en Uruguay por clérigos y religiosos, y habilitó el teléfono 095 382 465 para recibir denuncias de lunes a viernes de 14:30 a 18:30 horas.slide_abusos31

Hasta el momento el protocolo se activó para analizar tres denuncias: dos en Montevideo y una en Maldonado.

Según admitieron ayer los obispos, «frente a las resonancias generadas por el film Spotlight que ha llevado a varios medios de comunicación a realizar investigaciones sobre este asunto», se decidió habilitar el teléfono y colgar el protocolo en el sitio web «iglesiacatolica.org.uy». La película aborda los numerosos abusos de sacerdotes católicos en la ciudad de Boston, Estados Unidos. En Uruguay llegó con el título En primera plana.

 

Por su parte, los obispos emitieron ayer un documento titulado «Perdón y Compromiso»: «Los obispos desde hace cuatro años hemos venido prestando especial atención a este tema. Primero elaboramos, con la ayuda de profesionales expertos, el Protocolo de acción frente a denuncias de abuso sexual a menores por parte de clérigos. El año pasado recibimos a los miembros del equipo de prevención de abusos de la Iglesia de Chile, que está integrado por sacerdotes, psicólogos y abogados, y estamos abocados a la creación de una comisión para la prevención de abusos en nuestra Iglesia.
A su vez, cada congregación religiosa e instituto de vida consagrada ha elaborado su propio protocolo para atender denuncias contra sus miembros.
Pedimos perdón a las personas que han sufrido abusos por parte de algunos clérigos y religiosos en nuestro país. Sentimos dolor y vergüenza ya que son personas que habiendo prometido servir a Dios y al prójimo, cometieron actos aberrantes.
Todos saben que, desgraciadamente, hechos como estos, se denuncian de unos años a esta parte en diversos países, y en todos los estratos de la sociedad. Pero de ningún modo se puede justificar que ocurran en la Iglesia. Hacemos nuestras las palabras que Benedicto XVI dirigió a los autores de hechos similares: “traicionaron la confianza depositada en ustedes por padres que les confiaron a sus hijos. Deben responder de ello ante Dios todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos”.
Frente a las denuncias de casos de personas dañadas, reiteramos nuestra firme disposición a recibirlas, escucharlas y acompañarlas, investigando y procediendo con rigor de acuerdo al Protocolo antes mencionado. También manifestamos nuestra total disponibilidad para colaborar con la justicia.
Reconocemos al mismo tiempo la generosidad de la gran mayoría de sacerdotes y consagrados que a diario entregan su vida al servicio del prójimo. Reafirmamos el valor de la consagración a Dios mediante el celibato, que la Iglesia mantiene, como un modo especial de seguimiento de los discípulos de Jesús.
Nuestra diaria tarea nos pone en contacto con la fragilidad humana. Somos conscientes de las miserias propias y ajenas, y de la necesidad de la ayuda de Dios y el apoyo de los hermanos que nos sostengan. Así podremos superar desgaste y fragilidades. La fidelidad del cristiano, en cualquier opción de vida, es un don y también una responsabilidad.
Nos comprometemos a seguir examinando con cuidado las motivaciones y aptitudes de los futuros sacerdotes, y también en la adecuada formación para la prevención de quienes colaboran en las comunidades, instituciones u obras sociales eclesiales».

 

PROTOCOLO
El protocolo tiene 36 puntos y uno de ellos aclara que «la Iglesia respeta en todos sus términos el Orden Público sustancial y procesal del Estado Uruguayo y nada exime al clérigo, si fuera del caso, de responder por sus actos ante la justicia civil». Además el obispo de la diócesis en la que la Iglesia haya investigado un caso comunicará a la Justicia civil todos aquellos hechos relacionados al protocolo (abuso sexual de menores por parte de clérigos) respecto de los cuales haya sido condenado el clérigo investigado. Cuando del abuso hubiese resultado el embarazo de una menor de 18 años, la Iglesia se compromete a darle a ella ayuda espiritual y psicológica, y pedirá al padre reconocer al niño y asumir los deberes que señala la ley.

 

Fuente: El País.

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