Me da miedo ser abuelo…..

abuelaLlegan las fechas especiales y nos ponemos todos sensibleros, cariñosos, efusivos, pero dura lo que dura una instantánea.

Sucede con el día del padre, sin pretender caer en errores de género, mucho menos con la madre, y casi en su totalidad con el abuelo.

¿Nos acordamos porque es el mismo día en que nació el prócer?. Y….. capaz suena medio duro, pero parece ser una realidad casi impuesta, tangible.

Y vemos demostraciones que quizás a lo largo del año no vemos, o citamos frases del abuelo que capaz nunca nos acordamos, y perdemos la real perspectiva de ese difícil lugar que ocupan quienes terminan después de haberlo realizado todo, o casi todo, relativamente solos.

Esto viene a cuenta que en el hogar de ancianos de la administración departamental hay en la actualidad 37 «viejitos». Que viven, conviven, se interrelacionan y transcurren sus días en apacible tranquilidad, y en la gran mayoría de los casos en absoluto olvido.

Olvido de familiares, ex vecinos, ex amigos, ex, ex, ex. Porque la vida en su conjunto pasa a ser un ex…….

En un altísimo porcentaje, chequeado por funcionarios que allí trabajan, los viejos son olvidados en su último lugar en el mundo.

Y sin embargo ellos, no se olvidan de ese mundo que supieron construir. Y no me pregunten porque pero cuando salía de participar de una muy buena actividad, una imagen me pego en el bajo fondo.

Una abuela, salió del salón principal con su pedacito de torta, con su bastón, tomó por el pasillo a mucha velocidad, y al llegar a su cuarto……cruzó el patio, abrió la ventana y le dio de comer su torta a una perra madre que amamanta y a unos gansos en barra que alguna vez compartimos en este portal.

Y me pegó en el bajo fondo, que como sociedad nos llenemos la boca en un día como el de hoy, que citemos frases, que armemos actividades, que nos juntemos en familia, y nos olvidemos que 100.000 de esos viejitos cobran por debajo de los 8.500 pesos, que un porcentaje muy importante sufre violencia intra familiar, que son olvidados si la familia puede pagar un geriátrico en donde a veces incluso terminan incinerados a su suerte, o si en el peor de los casos los dejamos tan solos que deben recurrir al estado para que les brinde un hogar.

En algunos casos somos una sociedad hipócrita, absolutamente hipócrita, caracterizada por vender «humo», por citar enseñanzas que en la mayoría de las veces ni siquiera respetamos, pero todo a cuenta del abuelo del que nos acordamos un 19 de junio, siempre y cuando no salga otra actividad que nos permita decir: «mañana vamos».

Por eso mi temor, comparto uno personal, es llegar a viejo, porque me veo en esa imagen de correr como mi pedazo de torta a compartirlo con gansos y una perra que ha sido madre hace poco, porque me siento solo, olvidado……asumo que me da miedo.

 

 

 

Daniel Caiazzo

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