Rompiendo el silencio, matando el sonido

parlantesCuando apareció el celular, me acuerdo, mi padre me regaló uno que era como un ladrillo que me ponía en el cinto del pantalón y se me caía (el pantalón) de lo pesado. Tenía una antena que había que levantar cada vez que hablaba.

Un año más tarde, mi esposa, me regala un Nokia 1100 que me significó descubrir un nuevo mundo.

Un año más tarde mi hijo Nicolás, como verán siempre son regalos los míos, me regaló un táctil que cabía en mi palma y que significaba la pregunta esencial: ¿como diablos manejo esto?.

Ni que hablar cuando llegó mi hijo Gian Franco con una tablet………¿eso que es? surgió de mi ignorancia de este siglo XXI.

Todo evoluciona tan rápido, a una velocidad increíble, pero tiene un sentido: mejorar nuestra conectividad y por consiguiente nuestras relaciones.

Ahora bien. Como consecuencia de la Nostalgia, por segunda vez nos tocó vivir una experiencia que no termino de entender por eso lo planteo: los autosdisco.

Así lo definió un amigo y me gustó el término.

Son camionetas de alta gama que se equipan con enormes equipos de amplificación, que deben costar por mis cálculos lo mismo o más que esas camionetas, y que en fechas especiales como la del 24 al 25, se instalan frente a bailes que cumplen con todos los requisitos legales para hacerse.

Y ponen un sonido tan potente que rompe el silencio a varias manzanas a la redonda y destroza, por consiguiente el propio sonido y ni que hablar el de los bailes donde se instalan.

La lectura inicial es que la diversión surge por tapar el sonido de esos bailes legalmente instalados (¿?).

Lo segundo es: no respetan a nadie y se sienten intocables.

Por una sencilla razón, vivimos en carne propia por segunda vez la situación (la primera fue a pocos días de haber fallecido mi suegro), en donde estando en Garibaldi, sentíamos que la camioneta la teníamos dentro del dormitorio.

Está bien. Podrán decir: es un caso particular. Pero lamentablemente se repite en zonas, barrios, bailes y noches en diversos lugares.

Lo llamativo es que la policía no accione. No actúe. Parece que en algunos casos son personas conocidas por hacer lo que hacen, son notificados, pero todo queda en eso y nada más que eso. Porque se sienten como intocables, importándoles tres pepinos si donde se instalan tiene familias de trabajo, están de duelo, necesitan descansar o hay personas enfermas. Y la policía establece: esperamos a la intendencia para que controle el nivel de volumen.

Cuanto todos sabemos que a lo sumo la intendencia puede controlar los ruidos molestos, pero no accionar, para eso está la policía y en un momento de la larga madrugada le dijimos a quien desde una dependencia policial nos daba miles y miles de excusas: «si ando por la calle y me ven cara de sospechoso me detienen. Sin embargo estos autosdicos parecen ser intocables».

Quiero creer que no hay intocables en esta ciudad en donde la convivencia y el respeto se está recuperando. Quiero creer que esta situación puede tener un límite porque si hay una cosa que puedo dar garantías, es que ni en Concordia durmieron por el nivel de «antisonido» que estos jóvenes «irrespetuosos de la convivencia», utilizaron.

Volviendo al principio. El relato de los celulares es para fundamentar un sentido. Lo segundo es para realizar una pregunta elemental: ¿que sentido tiene hacer barullo?.

 

 

Daniel Caiazzo

1 Response

  1. Gustavo dice:

    Impresionante el sonido de esos vehículos.Basta con cruzar el charco y en Concordia ya no se ve (o no se veía) ese disparate. Urgente es necesario regular legalmente y penalizar este tipo de manifestaciones.
    No puede ser que una empresa corra riesgos abriendo un baile para que esta gente se lo arruine lisa y llanamente ya que nada compite con ese estruendoso barullo.
    Ni hablar de la pobre gente de kilómetros a la redonda.

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