¿Lima queda solo o se fortalece?

Somos conscientes que a la hora de leer esto, de analizarlo, de pensarlo, no va a faltar quienes digan que uno hace mandados o escribe a cuenta.

No va a faltar quien diga que por pertenecer a esta ideología, defendida a cuenta de recibir agresiones personales o familiares, estamos condicionados.

No estamos condicionados, seguimos siendo los mismos. Los que pensamos en el colectivo más allá de lo individual, más allá del ombligo personal.

Puede decirse y aceptarse que no todas son rosas, que no todas son victorias 5 a 0, que no todos son clásicos ganados.

También debe decirse que como fuerza hicimos fuerza para por lo menos un 3 a 0. Son decisiones dolorosas y sin marcha atrás. La decisión de Andrés responde a cuestiones que más parecen a quien la tiene más grande o a quien es más caudillo que el otro. No hace bien a la fuerza, no hace bien al partido, no hace bien al proyecto.

Nadie puede negar por pruebas contundentes que todo lo comenzó solito, nadie puede negar que quien lo «corrió» terminó comiendo polvo en elecciones, nadie puede negar que el proyecto fue el que pensó.

Nadie puede negar, que su sector recibió esa enseñanza, esa idea, ese proyecto. Nadie puede negar que todo eso fracasó.

Esta decisión adoptada, tomada, asumida, pensada, tiene que ver con creer que estamos a tiempo de pensar en todos con errores, con pifeadas, con equivocaciones, pero pensando que es posible un departamento mejor.

Un día alguien dijo, mi suegro querido: «no hay mejor lugar que la vereda de enfrente».

No está bueno que haya pasado, no está bueno sentir la desunión, no está bueno que quienes siguieron al mesías hoy juzguen una, una, una y otra vez. No está bueno.

Está bueno que comencemos a acomodar los zapallos dentro del poncho en forma y en tamaño y que la realidad diga que el proyecto colectivo por encima de todo es capaz de seguir primando en Salto.

Caso contrario, voten al Pato Donald que es un buen candidato.

 

Daniel Caiazzo

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