No me gusta tu estilo

Días pasados un compañero con quien compartimos espacio común nos decía: «no me gusta tu estilo y no discuto en tus códigos» haciendo referencia a que opinó en cuenta privada que en el tema del famoso cuadro pintado encima se había «farandulizado».

Está bueno que no le guste nuestro estilo porque a nosotros no nos gusta su forma y mucho menos la inoperancia.

Pero esto viene a cuenta de muchos sacudones que la política ha tenido. En los últimos tiempos la izquierda se ha visto obligada a defender «estilos» que no van con la izquierda y «códigos» que no comparecen con lo tradicional en defensa de lo colectivo y no de lo individual.

La mala utilización de dineros públicos, sean uno o diez pesos, no deja de ser preocupante porque evidentemente habla de lo que alguna vez dijo el recientemente fallecido Batlle (a quien no le sumamos solamente que esta frase): «el poder aburguesa».

Justamente el poder es quien aburguesa y a quienes lo buscan en el afán de obtenerlo los habilita a que las formas sean todas, absolutamente todas.

Hoy los jóvenes han pasado a ser una meta desenfrenada de mostrar el poder que lamentablemente en las urnas muchas veces no se reflejan. A cuenta de que los actos eleccionarios de jóvenes pasaron a ser una suerte de supermecadismo en la que ofrecer tres litros de vino o alguna cena, es el desafío para obtener el premio mayor.

Por fortuna en este panorama el Frente Amplio no debe ponerse a consideración de los más jóvenes ni «comprarles» ilusiones sino que les brinda espacios, los forma, los informa, le brinda historia y conocimientos, para que ellos mismos el día de mañana resuelvan donde quieren estar.

Evidentemente que en esta lectura de proyecciones, de análisis, de estudio, no es un tiempo fácil para el Frente Amplio. Tener que perder tiempo en defender la devolución de chirolas, explicar y explicar a donde fueron inversiones, porque no se traslada la solidez a los más judeados (clase baja) o porque aquello de la mejor distribución de las riquezas sigue siendo una utopía, es en definitiva reconocer que no nos «gusta nuestro estilo» y que, mucho menos, «nos gusta discutir en nuestros códigos».

Todo porque la actualidad parece no tener «estilos» y mucho menos respeta «códigos».

 

Daniel Caiazzo

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