Padre, aparta de mi este cáliz.

Asumimos el verano como un fugaz pero intenso período de descanso y preparación para afrontar el año que acaba de comenzar. Lejos de esta realidad, los uruguayos hemos asistido a un sinfín de manifestaciones veraniegas conservadoras, probablemente una voluntad de un bloque de la sociedad de medir sus fuerzas contra las del Gobierno y el bloque progresista. Cuando pensamos que la poco concurrida “revolución” de la oligarquía agraria merma en su protagonismo mediático, nos sorprende de nuevo la Iglesia Católica Uruguaya.

Volviendo a poner en el tapete el tema de la educación sexual, la ideología de género y la así llamada con intencionalidad de envilecer el asunto “ley del aborto”.

Obviando mencionar el afortunado hecho de que la Iglesia está separada del Estado hace mucho tiempo, oportunamente mencionado por autoridades de la educación, quisiera detenerme en la deconstrucción del discurso del Cardenal Sturla a sus feligreses.

Primero iniciamos con la herramienta mas rastrera y antigua de la Iglesia para generar control colectivo: el miedo.

Sobre la Ideología de género, Sturla nos advierte: “Hay que estar atentos porque se la quiere imponer y nosotros decimos, con el papa Francisco, que es una colonización ideológica” atentos, alertas, temiendo. Es divertido que la institución que funcionó como herramienta fundamental de la colonización del mundo moderno por parte de los Imperios Católicos, que torturó, asesinó, reprimió y sometió a los mas oprobiosos vejámenes a millones de personas durante cientos de años.

Instauró la inquisición en todo territorio donde le fue posible, quemó vivas a millones de personas, prohibió y condenó prácticas culturales y espirituales milenarias, con el único objetivo de imponer su doctrina como única verdad, a sangre y fuego, demostrar poder y despojar a esas personas de sus bienes materiales (no nos olvidemos que el merchandising de la Iglesia está bien bonito), se nos asuste hoy de una colonización ideológica, que no solo no es tal, si no que no lleva fuego, ni potros de tortura, ni un tribunal ecuménico ni nada de esto.

“Ideología de Género” ha sido el nombre que este bloque conservador sumido en la mas oscura ignorancia le ha dado a la inevitable efusión de la libertad sexual de cada individuo en una sociedad cada vez mas libre e integrada.

Estos discursos, clara e irrefutablemente de odio, solo pueden ser sostenidos por la ignorancia y el miedo. Para esto, tan ilustrados como valientes, vamos a analizar el significado de la palabra género:

La palabra Género actualmente, representa cualquier referencia a ideales sociológicos, creencias y condiciones de vida, razón por la cual la palabra adoptó un importante significado en la vida diaria. Las pautas de un comportamiento social definen perfectamente un género, una clase, una cultura. Una ideología de género refiere al conjunto de valores, creencias, representaciones y valoraciones que una determinada cultura en determinado momento socio histórico valora como válidos para la conducta de sus individuos de acuerdo a si al nacer sexuaron sus cuerpos de forma masculina o femenina, por ejemplo, asumir que el rosa es color para niñas y el celeste es color para varones, es una clara muestra de cómo la ideología de género que validamos en nuestra sociedad , se manifiesta fuertemente desde las primeras etapas de la vida humana.

Es decir, toda cultura tiene su propia idelogía de género, incluso la católica, cuya ideología de género se llama hetero patriarcado. Se basa en la superioridad del varón y su asignación a las tareas productivas, la inferioridad de la mujer y su asignación a las tareas reproductivas y su correspondiente subordinación al varón.

Dadas las características de nuestra historia, esta es nuestra ideología matriz de género, una muy fuerte, tanto que perdura hasta nuestros días y se manifiesta en su mas macabra expresión en los femicidios y ataques homofóbicos.

La reversión de estos procesos, la liberación de las identidades no heteronormativas, la noción del libre ejercicio de la sexualidad, son una consecuencia inevitable de la evolución de las sociedades. Por lo cual podemos concluir que la ideología católica de género es, por lo menos, retrógrada, como lejana a la realidad humana.

Nos presenta la Iglesia junto con un grupo de papás consternados bajo el lema irresistible de “a mis hijos no los tocan”, la idea de que la guía de educación sexual está elaborada por el mismo Satanás y representa un peligro para nuestros niños, apelando engañosamente a la protección de la infancia.

Señor Cardenal: hubiera dado todo cuanto estuviera a mi alcance si en mi caótica juventud, para que la educación sexual me hubiera enseñado que me podían gustar los varones y eso no era una “desviación” ni nada malo. Haber sabido eso en una etapa de la vida en la que me cuestionaba la posibilidad de suicidarme por no entender lo que me estaba pasando o considerarlo aberrante, hubiera sido de un enorme alivio.

¿Y nos presentan una alternativa a la educación sexual? ¿Una institución que cuenta con el número mas obsceno de pederastas en sus filas educando sexualmente a nuestros niños? Perdón Cardenal, pero sebo decirle: a nuestros niños no los tocan.

La Iglesia Católica debería estar prohibida de involucrar niños en su vida institucional en tanto no resuelva sanciones internas y el paso a la justicia de la enorme cantidad de Ministros de la Iglesia que violaron, vejaron y maltrataron niños y niñas en todo el mundo, esa debería ser la preocupación vuestra y del Papa Francisco, ordenar la casa antes de pretender transgredir la laicidad que nos protege de su perversidad.

¿Cree usted que las secuelas en adultos que fueron vejados por sus curas durante sus infancias son fáciles de reparar? Son irreparables Cardenal, créame. Probablemente lo sepan, quizás por eso no mueven un solo anillo al respecto, mas que una demagógica expresión del Papa sin valor real.

En el Siglo XXI, una cultura que proclama el creacionismo como verdad contra toda evidencia científica, no tiene lugar en la educación de la humanidad. Sin embargo es nuestra laicidad y libertad de culto, consagradas constitucionalmente, les permiten gestionar instituciones educativas para aquellos que consideren esa educación como válida y deseable.

Jamás un activista LGBT o feminista irrumpirá en un colegio católico obligando a los educandos a incorporar contenidos que les son ajenos y les resultan negativos, en este marco ¿por qué no seguir el ejemplo Cardenal? Y ocuparse de la mejora real de la sociedad y de su propia Iglesia, si es que algún aporte positivo le queda para dar en este país.

Finalmente, intentando acercarme al contenido del Libro Sagrado de la Cristiandad, citaré esta frase tan icónica y oportuna

“Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella.”
Hebreos 12:11 | NVI

Ramiro Ferreira.
Activista LGBTI.

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