La intendencia parece ser un chiste…..para pocos

Una vez, siendo muy gurí, a Papá se le antojó abrir una verdulería porque como funcionario público, estaba enterrado en préstamos y su buen sueldo nominal terminaba siendo una lágrima mensual.

Y arrancamos. El primer día, inversión mediante, vendimos algunos insumos verduleros que nos ilusionaron.

Mamá estaba feliz. Plata fresca diaria, renovada, tipo para tonificar una economía en decadencia.

Hasta que a Papá se le antojó comenzar a cocinar con las especias del negocio. Duramos tres meses y una frustración que en lo personal hasta ahora me dura.

Y esa es la idea de lo que ha pasado en Salto. Lo más parecido a un tsunami.

Tengo una sobrina en México que me habla de tornados y terremotos, uno reciente, h salvando las distancias a este departamento le pasó el tsunami Lima que ahora quiere volver.

No entro en el juego de comparar las dos últimas administraciones porque sería injusto en aquello de que las canillas no existían pero existen y, lo que es peor, el que pierde y se tiene que ir le deja al que viene la frase…..y….»arreglate».

A todo esto quien pierde rueda es el departamento, incluso en aquello de defender los ideales comunistas que hoy solo pasan por la imagen, del auto o la nueva novia.

Este mundo vivido obliga a pensar en serio que se quiere, con que se sueña, estamos en un horno a barro que nos quema pero no reclamamos. Nos acostumbramos y mal. No puede Salto aceptar más verso, demagogia, mentira y disfraz de la realidad.

El cambio posible, para seguir cambiando, el cambio continúa….y el mientras tanto somos el departamento que los humildes mortales no queríamos: el de la verguenza.

Daniel Caiazzo

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