El valor de la palabra

Hubo un tiempo que fui hermoso y fui libre de verdad, decía un tema que planteaba la revolución social y del conocimiento.

Alineados que esa misma revolución nos permitiría anclar en una sociedad justa, libre de prendas, mirando el horizonte con la esperanza que algo mejor existía.

Como todo ideal, efímero, volátil, cayó de bruces y golpeó el fondo más fondo que podíamos imaginar.

Los distintos terminaron siendo iguales y los iguales no siendo muy distintos.

El clientelismo largamente criticado en Salto por una izquierda formada, preparada, conceptualmente jerarquizada en un nivel de excelencia, cae en campaña con canastas y laburos chatarras.

En complicidad con una conducción política atada de pies y billeteras.

Lo que uno va observando en esta historia de quien es más miserable por jugar con la miseria del colectivo, es que el valor de la palabra comienza a adquirir una dimensión que no se veía desde aquellos viejos dirigentes tradicionales a nivel departamental.

El no prometer por prometer, el no pensar que una campaña se hace con la cara linda o anuncios rimbombantes, sino que se hace desde el mismísimo valor de la palabra que construyó a Salto.

Ese valor de la palabra es el sagrado voto que este 27 dirá que quiere pero se vislumbra que verdaderamente, como hace muchos años, ese valor adquiere verdadero valor.

Daniel Caiazzo

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