Que Tupé! a 101 años de la muerte de Washington Beltrán en duelo con José Batlle y Ordóñez

“…la lluviosa mañana del 2 de abril de 1920, en la cancha del Parque Central, el estadio del Club Nacional de Football, el expresidente colorado José Batlle y Ordóñez mató a Washington Beltrán, un joven diputado del Partido Nacional oriundo de Tacuarembó”.

“Beltrán se había hecho responsable de un editorial publicado en El País, bajo el título “¡Qué tupé!”. Endilgaba a Batlle el amaño de elecciones, la condena “a destierro y a miseria a Rodó por haber sido independiente y altivo”, y diversas prácticas de corrupción”

La columna de Beltrán en El País, se tituló “Qué toupet”, una expresión francesa que castellanizás para el libro. Fue allí que surgió el motivo del duelo en una columna. “El campeón del fraude acusa al Partido Nacional. El campeón del fraude, el que hizo doctrina constitucional de la influencia moral”, decía Beltrán, “el que no obstante haberse tragado de sueldos más de 300 mil pesos oro, formó tesoros partidarios descontándoles obligatoriamente a los miserables sueldos de los guardias civiles y los barrenderos municipales. El que quemó el voto secreto que libera al obrero del patrón y el funcionario del gobierno. El que inventó los compromisos escritos arrancados a los legisladores antes de ser electos”. Algunas acusaciones más…

Y termina, bueno, con “qué toupet”, y vuelve a decir de qué se lo acusaba al Partido Nacional para defenderse en ese momento. Esto fue lo que enojó a Batlle. Desbordó el vaso de agua.

Sí, eso salió publicado el 1º de abril de 1920, un jueves. Cuando Elena, la mujer de Beltrán, Elena Mullin, tenía treinta años, estaba embarazada de siete meses y medio entonces, esa mañana lo despierta a Beltrán y le dice “Washington: ¿tú escribiste el artículo ‘Qué toupet’?”, y le dice “Sí”, “esto te cuesta un duelo”. Ella vivía con la obsesión del duelo.

Porque se practicaba.

Porque se practicaba y porque veía el lance periodístico permanente entre su marido y Batlle, y los blancos y los colorados.

Hay una explicación de por qué es a pistola. Primero, el ofendido es el que puede elegir armas. Esto, claro, no estaba escrito porque el duelo no era legal en ese momento.

Claro, la costumbre era un código, digamos.

Y Batlle no elige sable porque tenía lastimada una mano.

Porque se argumenta que tenía luxada la mano derecha.

Allí entra otra historia, vos contás en el libro, que se dio el duelo. ¿Cómo era?

A dos disparos y a 25 pasos. Vienen a ser 50 metros.

Pero en la primera oportunidad dispararon ambos sin puntería.

Por un lado está el testimonio de Leonel Aguirre, padrino de Beltrán, que dice que las balas fueron rasando la tierra, y ahí dice Beltrán: “yo no sentí nada, no escuché nada”. Por otro lado está lo que se le atribuye a Batlle, que está comentado por alguno de sus descendientes directos, que Batlle sintió silbar la bala por su cabeza.

Sí. Y después vino el segundo disparo. Entre un disparo y otro Rodríguez Larreta le dice a Beltrán: “Washington, afiná la puntería”, y Beltrán le responde: “No tengo espíritu de homicida”.

¿Eso narrado por quién?

Por Rodríguez Larreta.

Hay una investigación, incluso con forenses, acerca de la bala, la bala marcada, la bala no marcada. Las armas las eligió Batlle, ¿no?

No fue así. El tema era el siguiente. Las armas habían quedado en ser elegidas… Fue todo muy rápido.

De jueves a viernes de mañana.

Jueves de tarde, muy tarde. Porque los diarios en aquel entonces comenzaban a funcionar tarde.

Y los padrinos de Beltrán no encontraron armas.

No encontraron las armas para el duelo, entonces aceptaron las armas que habían ofrecido los padrinos de Batlle, que curiosamente eran pistolas del presidente Baltasar Brum, que según ellos dijeron, Batlle no conocía.

Eran dos y ahí sí Beltrán elige una de ellas.

Claro, elige una, pero eran pistolas que no eran de duelo. Yo tuve la oportunidad, hay una foto, de tenerlas en mis manos. Son pistolas francesas, dicen en el caño “París”. Fueron compradas en una armería de la calle Rivadavia número 20 en Buenos Aires. Y no son pistolas de duelo. Las pistolas de duelo, por lo menos en aquella época, se cargaban por el caño, por delante. Y las armas que se utilizan eran pistolas 9 milímetros. El segundo disparo es como lo describe, primero la autopsia de 1920 que con una gran coraje, con una gran independencia de los médicos que intervienen. Ellos revisan el cuerpo de Beltrán después de realizadas las exequias y en el informe señalan en dos oportunidades que es extraña la herida mayor. Es decir, la bala atraviesa el cuerpo de Beltrán, entra por debajo de la axila derecha y sale por la espalda, por el omóplato izquierdo, y atraviesa todos los órganos, pulmones… La herida más notoria es en la aorta descendente, donde se forma y está dibujado en el expediente y también está puesto en el libro, una estrella de siete puntos. Yo leí esa información, ese material, y consulté a dos médicos muy prestigiosos para ver si las conclusiones y la visión que aquellos médicos de 1920 con otras herramientas técnicas habían hecho un trabajo que hoy en día podía ser avalado, y los dos médicos coincidieron, fueron absolutamente categóricos al calificar de brillante el trabajo. Y esos dos médicos son el doctor Fernando Mañé Garzón, una personalidad indiscutida de la historia de la medicina uruguaya, del doctor Mañé Algorta, que fue el médico que atendió, además de ser muy amigo de Batlle, atendió a su hija.

O sea que no está teñido de influencia nacionalista.

No, no, de clara militancia en el partido, o simpatía en el Partido Colorado. Y el doctor Guido Berro, un médico legista reconocido y respetado que ahora está retirado.

Sí, se retiró hace muy poquito, el año pasado. O sea que estos dos médicos certifican que aquella autopsia, que aquella descripción de la época era muy buena, y más para 1920. ¿Y eso lleva a una hipótesis de una posible elección de un arma que fuera letal por parte de Batlle?

Eso lleva a la hipótesis de que la bala que mató a Beltrán podría haber estado marcada. El informe completo que hizo el doctor Berro está en el anexo del libro.

Sí, sí, está allí para quien lo pueda ver. Te preguntaba a vos qué hipótesis te había despertado para desarrollar la…

Fuente: Diego Fisher en el libro «Que Tupé»

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