Violador(tío) de menor (sobrina) Procesado con prisión por reiterados delitos de abuso sexual especialmente agravado

Son el tipo de hechos que no nos gusta informar, pero que lamentablemente suceden, en el mundo y Salto no es ajeno. a ello. Hace un tiempo atrás nos enteramos por redes sociales y posteriormente por familiares, de un hecho atroz, violento y espúreo que tenía como protagonista un varón, mayor de edad y una menor violentada, sexualmente por su tío, atroz realmente, nada más ni nada menos, lo unía un lazo de parentesco, de afecto, de confianza. Un hecho de violencia, repudiable y condenable de quien ejerce su poder, por ser mayor y agravado por el hecho de tener lazos sanguíneos, relación de parentesco, confianza.

Las consecuencias de las violaciones y de otras agresiones sexuales depen-
den de varios factores: la gravedad del hecho en sí mismo; la edad, caracte-
rísticas y experiencias previas de la víctima; las respuestas del entorno, la
posibilidad de encontrar ayudas adecuadas, los factores de autoafirmación y
resistencia que puso en juego. Por tanto no existe un único patrón para
evaluar las posibles consecuencias mediatas o inmediatas de las violaciones.
Lo que se desprende del testimonio de las víctimas es que –aunque en diver-
sos grados – la violación es siempre una la violación es siempre una experiencia de fuerte impacto en
la vida de una mujer la vida de una mujer1
.
Es importante tener en cuenta que las consecuencias negativas de las viola-
ciones se producen por efecto del episodio en sí mismo; pero también, a
causa de la respuesta desfavorable del entorno. Muchas mujeres o niñas que
han sido víctimas de abusos sexuales o violaciones sufren prolongadamente
no sólo por la agresión, sino también por la indiferencia, la culpabilización
y el silenciamiento que éste les devuelve

Es conveniente considerar que los efectos de las violaciones son importantes
pero no insuperables. Dado que estas situaciones afectan distintas esferas de
la vida de las víctimas, requieren respuestas interdisciplinarias e
interinstitucionales. Probablemente será más fácil dar respuesta a un daño
físico; algo más difícil, al impacto emocional; ciertamente complejo contri-
buir a paliar los efectos negativos de una mudanza obligada, la pérdida del
trabajo o una ruptura matrimonial; y mucho más arduo reparar la humilla-
ción y el sentimiento de injusticia. Sin embargo, lo deseable sería que en los
distintos ámbitos institucionales existiera una voluntad de escucha y una
disposición a dar respuesta –cada cual desde sus posibilidades y
especificidades– para cada uno de estos diferentes y singulares efectos. En
síntesis, la respuesta del entorno es de fundamental importancia. Puede agra-
var seriamente los efectos de la violación, si se trata de respuestas
culpabilizadoras, evasivas, prejuiciosas, negligentes. Puede, en cambio, ser
de gran ayuda si se trata de actitudes y comportamientos que respetan, com-
prenden, contienen, disipan dudas y temores, aportan informaciones.
Es importante que las/ os operadoras/ es que atienden a una víctima de vio-
lación exploren estos recursos y abran la posibilidad de intervenciones que
puedan fortalecer los aportes beneficiosos y problematizar aquellos que no lo son. Una responsabilidad principal de las instituciones es evitar la
revictimización. La revictimización Esto tiene relación no tanto con los saberes técnicos específicos, sino más bien con la revisión de preconceptos e ideas estereotipadas.
La prioridad de los profesionales de la salud no es «aclarar» la verosimilitud
o no del relato, sino saber escuchar, incluso más allá de las reticencias, silen-
cios y dudas de la víctima. Puede ocurrir que el testimonio de una adoles-
cente o de una mujer en estas situaciones suene «confuso»; lo más probable
es que éste sea un efecto de la necesidad de protegerse. En estos casos,
detrás de omisiones, recortes e incluso aparentes fabulaciones, puede haber
una verdad que no se puede contar tal cual es; la víctima puede sentir temor
y de ahí tratar de «adaptar» su relato a ciertos esquemas que a ella le parez-
can más «creíbles» o «aceptables» por parte del profesional que la está atendiendo, según Mysu.

En este caso, esta la menor está con abordaje terapéutico y contención de su familia, muy importante por cierto.

El victimario fue procesado por ser autor responsable de reiterados delitos de atentado al pudor agravado en régimen de reiteración real con reiterados delitos de abuso sexual especialmente agravado, con una condena de 17 años. El Violador es Juan Manuel Medina Pintos

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