Masoller: a 117 años, el recuerdo vivo de Aparicio Saravia

La localidad de Masoller se encuentra en el norte de Uruguay, en el Departamento de Rivera, y la frontera con Brasil; esta cercanía fue significativa para la conclusión de la batalla, puesto que el caudillo blanco Aparicio Saravia huyó malherido hacia Brasil, en donde fallecería exiliado diez días después. Los vencedores colorados no quisieron perseguir a Saravia porque su intención era mantener el conflicto estrictamente dentro de las fronteras de Uruguay, de modo de evitar posibles enfrentamientos y desavenencias con el gobierno de Brasil. Además, el Ejército del Partido Colorado estaba exhausto, con pocos hombres para entrar en combate, falto de armamento y diezmado.

Los heridos en batalla, tanto Blancos como Colorados, fueron curados y atendidos por la Familia Masoller, dueños de las tierras en las que se desarrolló la batalla y de filiación colorada; esta acción sería criticada por muchos de sus correligionarios.

Esta batalla marcó la consolidación política de la presidencia de José Batlle y Ordóñez, representante y figura clave de los colorados y del Batllismo.

Masoller debe su nombre a la familia que era dueña de esos campos, que en tiempos de batallas entre blancos y colorados, atendían y curaban a los soldados de ambos bandos

Apenas se hizo cargo del gobierno del país Juan Lindolfo Cuestas, sucesor de Idiarte Borda, inició una política de conciliación nacional, que tuvo como consecuencia la firma del Pacto de la Cruz (18 de setiembre de 1897).

A partir de ese convenio finalizó el primer movimiento revolucionario encabezado por Aparicio Saravia, líder y caudillo de los blancos.

El Pacto de la Cruz consagró la promesa de una reforma electoral que garantizará la representación de las minorías por el sistema “voto incompleto”.

Mientras tanto se mantenía la fórmula que los Jefes Departamentales de Flores, Treinta y Tres, Maldonado, Cerro Largo, Rivera y San José, fueran nacionalistas.

En 1903 asumió como Presidente de la República, José Batlle y Ordoñez, con una postura de clara oposición a la coparticipación. Esa fue la causa fundamental de los levantamientos de 1903 y sobre todo de 1904 por Aparicio Saravia.

La causa del estallido de la revolución de 1904, liderada por Aparicio Saravia, fue el envío de tropas gubernamentales a Rivera con el argumento de proteger la frontera. El Partido Nacional lo tomó como una provocación; la entrada de tropas del gobierno colorado en territorio de una Jefatura Política nacionalista, fue un desafío a la guerra.

La revolución del 4 recordó los levantamientos del S. XIX y en cierto modo lo fue. Fuerte presencia de un caudillo al que se siguió por adhesión a la divisa y composición del ejército por las masas rurales ecuestres. También la paralización de la economía que despertaba el malestar, especialmente en los sectores propietarios.

Pero ya no eran los tiempos de jaquear e incluso derribar a un gobierno. La revolución enfrentaba a un poder que contaba con ferrocarriles para trasladar tropas, telégrafos para comunicar instantáneamente ordenes, información y armas costosas. Se compraron ametralladoras que diezmaron al ejército de Aparicio Saravia. L.O.d.

La guerra se había vuelto cara, los nacionalistas tuvieron que organizar la recaudación de fondos para enfrentar a un gobierno que llevaba las de ganar en su capacidad económica. El objetivo no era derribar al gobierno sino lograr mejores condiciones para un acuerdo.

“Aparicio es bastante flacucho, viste y calza como los gauchos, no es muy alto, lleva una larga melena que sujeta con una vincha blanca. En nada se parece al hijo de un estanciero, usa bota de potro, el “calzado bárbaro” de los paisanos, calza al cinto un facón que más sirve para churrasquear que para herir”. Efraín Quesada

¿Quién mató a Saravia?
Nacido el 16 de agosto de 1856, Aparicio Saravia era hijo de Francisco Saravia y Pulpicia da Rosa, hermano de Gumersindo, Basilisio, Antonio Floricio (Chiquito), Aparicio, José, Camilo, Francisco, Juana, Amelia, Mariana, Timoteo, Teresa, Sensata.

“La tardecita se entronaba en los campos de Masoller en aquel mes de setiembre, las tropas del gobierno comenzaban a sentir que su parque de municiones disminuía vertiginosamente. Los blancos de Saravia sustituyeron el choque frontal por la guerra de desgaste y se preparaban para el alba venidera a dar la estocada con las tropas de refresco.

Con esa acción los colorados del gobierno estarían perdidos.
Fue en esa caída del sol, cuando Aparicio Saravia comenzó a recorrer la línea de fuego alentando, como era su costumbre, a sus tropas…”vamos muchachos, firmes… mientras su sombrero y poncho blanco se destacaban en el horizonte. No iba solo, unos metros más atrás le seguían su abanderado Germán Ponce de León, su hijo Mauro de 16 años y un soldado brasileño. L.O.d.

Pasaba revista a la división 9 cuyo jefe era su hermano Nepomuceno cuando comenzó la balacera sobre el General y su equino, la tercera bala lo alcanzó en la cintura, traspasándole el vientre de izquierda a derecha.

En ese momento comenzó a diluirse la revolución y el último caudillo rural comenzaba su marcha hacia la muerte, que aconteció el 10 de setiembre.

Después aparecen las dudas. ¿Quién disparó contra Saravia?
Escribe el profesor Mena Segarra…”No fue una bala perdida la que lo hirió”…
Varias versiones florecieron, algunos se vanagloriaron de aquel tiro certero, corrió el rumor de que habían sido campeones de tiro argentinos contratados por el gobierno para realizar “misiones especiales”, otros opinan que fueron “espías” colorados infiltrados en filas revolucionarias y otros opinan que fue algún “calepino” que no quería que se concretara un tratado de paz que dejara a Saravia como triunfador.

Antes de Masoller, “el cabo viejo” había expresado que el gobierno “nos ofrece partir la naranja por el medio”, por eso se iba a concentrar en Rivera, porque “si falla el asunto, continuaremos la guerra hasta que el Presidente (José Batlle y Ordoñez) quiera”…

Las interrogantes sobrevuelan todavía sobre los hechos de 1904 y sobre la muerte de Saravia. Muchas acusaciones, muchas de ellas silenciadas por no perjudicar la unidad del Partido Nacional se sucedieron desde aquel 10 de setiembre, sin otro cometido que dificultar el conocimiento exacto de lo ocurrido.

Es evidente que en algunos casos no se buscó la verdad ni las consecuencias que trajo aparejada la muerte de Aparicio Saravia.

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