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La LUC y los wilsonistas

Cansados estamos de leer y escuchar a dirigentes de la coalición de izquierda tratando de convencer a los uruguayos de que el Wilsonismo, el Batllismo y demás corrientes ideológicas de los partidos tradicionales ya no viven en los Blancos y los Colorados. Con la llegada del referéndum para derogar menos de la mitad de la Ley de Urgente Consideración este absurdo discurso se ha multiplicado, llegando a escuchar la afirmación de que “Wilson y Batlle votarían que SI a la derogación”, un divague superlativo.

Que a Batlle lo defiendan los batllistas (que hay muchos y con mucho contenido), yo me enfocaré en el wilsonismo, específicamente en las razones por la cuál los wilsonistas debemos apoyar estos 135 artículos de la ley de urgente consideración votando NO el próximo 27 de marzo.

Hablemos primero del rol del Estado en la vida de las personas, en la planificación. El Wilson de Nuestro Compromiso Con Usted era un Wilson sumergido en urgencias nacionales, en problemas sociales, económicos y políticos que necesitaban soluciones inmediatas; pero ese mismo Wilson volvió del exilio con una postura adaptada a los nuevos tiempos que exigía el último tirón del Siglo XX. Cuando hablamos del rol del Estado, Wilson manifestaba que “al Estado le tenemos respeto y miedo”, y agregaba que solo era necesaria la intervención estatal cuando se trataba de un recurso de difícil acceso (por ejemplo, el crédito en la década del 60, lo que resultó en la propuesta de la nacionalización de la banca). Hoy en día no es necesario nacionalizar la banca, ya que el acceso al crédito es casi a demanda; pero también vale la pena preguntarnos: ¿Es necesario que existan barreras de entrada a mercados con monopolios Estatales natrales?, ¿Por qué limitar la libertad de cambiar de compañía de celular si el servicio no es escaso y de difícil acceso?, ¿Por qué no aceptar el ingreso de capitales privados minoritarios a determinadas actividades que realiza el Estado en la actualidad?

La respuesta de un wilsonista debe ser contundente: mientras que no exista escasez reales, una dificultad en el acceso a determinado servicio, el Estado no debe meterse a gestionar o manejar el negocio; y si lo hace, debe abrir la posibilidad a que otros lo hagan en igualdad de condiciones.

Otro de los puntos cuestionados por el Frente Amplio y el PIT-CNT es la posibilidad que brinda la LUC de que los colonos (con expresa autorización del directorio del Instituto Nacional de Colonización) puedan habitar fuera del establecimiento que producen. Esto, según dicen, va contra lo que planteó Wilson Ferreria Aldunate en su Reforma de las Estructuras Agrarias; veremos que no es así.

Primero, entendamos cuál es el espíritu de la reforma que plantea la LUC: el objetivo es lograr que los colonos no estén presos de su condición, y que (con justificaciones) puedan habitar en centros poblados, ya sea para darle buena educación a sus hijos, tener servicios de salud, accesibilidad, etc. 

Los wilsonistas creemos en la construcción de comunidades rurales como herramienta para repoblar la campaña uruguaya. Esto, en contraposición con el modelo de habitar en el propio establecimiento, fue lo que planteó Wilson en su Reforma Agraria. Textualmente Wilson decía que: “se impulsará la concentración de la vivienda rural en núcleos poblados (…) como solución socialmente más aconsejable que la que impone la radicación en el propio establecimiento.” ¿Por qué?, porque la concentración en pueblos hace posible brindar servicios de mayor calidad y fomenta que las familias se queden a vivir en el medio rural.

Resulta que no solo no se opone al wilsonismo, sino que el artículo de la LUC va en la misma línea que el punto 4 de los objetivos de la Reforma de las Estructuras Agrarias de Wilson.

El rol de los sindicatos como luchadores por las condiciones laborales de los trabajadores fue ampliamente defendida por Wilson y los wilsonistas, pero el propio Ferreira se oponía a que los mismos formaran parte de las decisiones políticas del país. Es curioso que el sindicalismo acusara a Wilson de “querer difamar al sindicalismo”, un calco de las acusaciones actuales que las cómodas cúpulas sindicales lanzan sobre los integrantes del gobierno de coalición.

En el capítulo de educación de Nuestro Compromiso con Usted dice que “la función que cumplan los docentes estará coordinada con el esfuerzo político del Estado y de la comunidad”. Vemos que el espíritu de gobernanza de los centros educativos con base en las comunidades educativas estaba vigente en el ideario wilsonista, algo que la LUC plasma en sus artículos a impugnar. 

Por otro lado, y teniendo la honestidad de decir que los tiempos y las circunstancias eran otras, Wilson criticó con mucha dureza la participación de las cúpulas sindicales en los temas políticos del país; diciendo que subordinaban los intereses del proletariado por debajo de intereses políticos partidarios que no hacían a las condiciones laborales de los trabajadores. En suma, Wilson no creía en que los sindicatos se debieran preocupar por la conducción del país o de la educación, sino que esa era terea de aquellas personas que cada cinco años podían ser juzgadas por la población en las elecciones. La educación del pueblo en las manos de los representantes del pueblo.

El wilsonismo es, y solo es, en filas del Partido Nacional. Por su esencia humanista, nacionalista y tradicionalista; pero también por tener a la libertad como eje principal y desvelo de todas sus acciones. Wilson decía que el Partido Nacional es el partido de la libertad, y hoy te invitamos a defender tu libertad. Por eso los wilsonistas votamos NO.

Augusto Bonet Silveira

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