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La «Saracho»

La » Saracho» como la conocíamos, era de las tantas mujeres que entraba y salía de la cárcel. Consumidora de pasta base, siempre contaba como su madre la había abandonado desde muy chica y su padre la había criado juntando basura. Dañina para ella por su consumo, no sé cuántos años tendría, tal vez unos 34 allá por el 2019. Su padre había fallecido y no tenía familiares, por eso en cierto modo, cada vez que caía presa, se alegraba por tener un lugar donde dormir y la comida dos veces por día. Me acuerdo con la naturalidad con la que contaba como había sido violada y abusada en todos esos años, por un «chasqui», por un lugar donde dormir. Y siempre sonriente, con profundo dolor escondido, imposible de no crear empatía con una mujer que sufrió tanto. La última vez que la vi fue en la calle, arruinada por la pasta base, sucia, caminando a toda velocidad, estampa del que tiene esa adicción. Me miró, me dijo «hola Ayala» y siguio con su tranquilo.
La Saracho fue el esqueleto que encontraron dentro de una heladera, en el mismo lugar donde encontraron a la niña Aihielen. Nada más quería darle una historia, simple, pero una historia a ese nombre que solo aparece como persona en situación de calle. Tal vez, si hubiese parado a preguntarle si precisaba que la llevara algún lugar, hoy estaría viva, o tal vez no. La duda siempre queda. Hay muchas Saracho en la calle, en la cárcel. Que no sean olvidadas. Nadie se me merece ese final. Nadie
Del muro de Leites Ayala quien la conocio personalmente.
Triste historia de una mujer que sobrevivio a mil calvarios y lo hizo como pudo. QEPD

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